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Como hace Juan Hidalgo, que señala al tiempo como el vehículo primordial e ineludible del material sonoro, de la gramática musical. Y que también afirma: cualquier actividad, incluso el pensar, es música. Conclusiones radicales que orientarán su estrategia ante el hecho artístico, su búsqueda de un lenguaje no exclusivamente sonoro.

Y entonces aparece ZAJ, en el Madrid de 1964, el grupo de vanguardia más perturbador de los últimos cuarenta años. Se manifiestan con arte postal, libros y conciertos. Aunque ZAJ es un grupo abierto al que se suman algunos artistas, los miembros cardinales son Juan Hidalgo y Walter Marchetti, y posteriormente Esther Ferrer. Un concierto ZAJ es música para los ojos y para los oídos, sugerencias dadaístas y futuristas, instrumentalización del silencio y del ZEN. En ellos hay música, y también hay algo más. Lo teatral y lo musical navegan en un mismo escenario.

Su trabajo ha sido reconocido con distinciones como el Premio Canarias 1987 de Bellas Artes e Interpretación, la Medalla de oro al mérito en las Bellas Artes del Ministerio de Cultura de 1989 y la Medalla de oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 2001. Así como en grandes exposiciones, destaca la retrospectiva ZAJ del Museo Reina Sofía de Madrid en 1996, la antológica “De Juan Hidalgo” de 1997 en el CAAM de Las Palmas y en La Recova de Santa Cruz de Tenerife y la retrospectiva “En Medio del volcán” que viaja por México y Perú a lo largo del 2004.

Juan Hidalgo es la creatividad pura, sin contornos. A veces grácil, otras brutal, siempre transgresora.